Hasta que por fin soplan vientos militaristas entre las naciones de Colombia y Venezuela. “Elogiosos” esfuerzos en tal sentido realizó durante muchos meses el gobierno colombiano en cabeza del presidente Uribe y su ministro de defensa, quienes, orondos, pueden mostrarse ahora ante los políticos y empresarios de cierto país, o, más claro, de ciertos países, para recibir su merecidísima palmada en la espalda, acompañada de los jugosos beneficios económicos de los contratos leoninos que soportan la guerra.
Ninguna dádiva mejor para los intereses de la industria armamentista internacional, que dos pobres naciones latinoamericanas, como ocurre en África, dediquen sus mejores recursos económicos y humanos al desarrollo de un enfrentamiento que, contrario a lo que afirman los “especialistas” en los medios masivos, sí deja ganadores.
Lo malo de todo es que percibo, con preocupación, un colombiano medio que raya en el fundamentalismo histérico; expresión de un pueblo estupidizado por esos medios que agregan leña al fuego en cada uno de sus espacios de “opinión” y, como es obvio, en sus noticieros, terriblemente estimulados por el staff gubernamental, a fin de manipular a las masas hasta hacerles creer que el problema nacional radica en el locuaz e impertinente mandatario venezolano y no en todas las carencias que sufre el país, derivadas del enquistamiento en el poder de oscuros autócratas con el menor sentimiento patrio de la historia nacional, poseedores del más craso egoísmo, cuyas acciones concluyen en inequidad y desmejora de las condiciones de vida para amlios sectores de la sociedad.
Si Venezuela tiene o no problemas similares, es asunto que va más allá del resorte de nuestros ciudadanos medios. Colombia no puede permitirse las presiones que conduzcan a la disputa militar bajo ningún pretexto y mucho menos tragarse el cuento del sospechoso “respaldo” de las naciones europeas con los más fuertes intereses económicos en los dos países, como es el caso de España y Francia, a menos que sean sus jóvenes, vestidos de soldados, los que vengan a matarse mutuamente a lado y lado de la frontera.
Entregar a nuestros escolares, universitarios y jóvenes emprendedores a una cruenta disputa significa no sólo truncarles sus sueños, sino muy seguramente su propia vida a cambio de nada, tal como lo están haciendo los jóvenes gringos de origen latino o negro en las guerras que libra ese país, mientras se consolidan los poderosos en sus tronos. Es un derecho, por inmoral, que no le cabe a ninguna generación.
¡Caramba! Qué manera de sacarle el cuerpo a los problemas internos ¿no? Parece que siempre ha funcionado la estrategia y que la historia, lamentablemente, les ha dado la razón…


1 comentarios:
y si profe, la masa efervecente aclama al "mesias" alvaro uribe, mientras se va pòr el caño el presupuesto nacional en juguetitos belicos comprados a los yankees...abran paso al calor dolarico!,sigan sembrando matas raras que eso conviene a los herederos de mr. tio sam...mientras los colombianos tranquilitos van a la cancha, a la iglesia , jartan vino, porque aca no pasa nada,. ya tenemos guardianes de la patria que nos defenderan de "terroristas de marcaa mayor" (chavez y piedad)..
jaja (notese el sarcasmo)
ahhh que gobiernos de carton y falacia los que nos tocan y en las proximas elecciones el pueblo los va a votar igual...
saludos..
y aguante la teoria de la comunicacion Excelente clase!!!
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