miércoles, 30 de enero de 2008

Tarde de toros en el coso capitalino

Por: Edgar Alonso Muñoz Delgado


Como la fiesta de los toros debe verse desde un lugar preferencial, casi obligadamente en sombra, y esas localidades cuestan tanto dinero para mi bolsillo, ocurre que nunca asisto a dicha festividad; pero cada vez que puedo, veo las corridas que ocasionalmente transmiten la televisiones mexicana o española o cuando no hay más consolación, escucho en la radio hispano colombiana (más hispana que colombiana) algo de las ferias criollas que por cierto se caracterizan, según los abundantes doctos en la materia, por los malos encierros. Así, cualquier dinero invertido en la presencialidad, queda lamentablemente perdido.

Creo que fue esa la impresión que pudo haber tenido cierta aficionada cuando le gritó desde los tendidos algo al matador estrella en esa tarde de sol y arena. Según los comentaristas, la señora lo único que hizo fue confirmarle al matador, algo que él, por su parte, ya había decidido, es decir, su retiro definitivo de la profesión. Sólo que a diferencia de la confirmación de alternativa, ésta, la del retiro, no vino de manos de ningún colega, sino del que los periodistas especializados llaman “el respetable” que, a mi juicio, tiene aún más peso.

Y qué alboroto se armó en la plaza bogotana: abucheos, silbos, y gritos de ¡Fuera!, ¡Fuera!, no al matador por su pobre espectáculo, sino a la indefensa dama que expresó su opinión acerca de la gris faena.

Hay que advertir, desde luego, que la reacción del resto del público no fue del todo espontánea, sino azuzada –para acudir a un término casi olvidado- precisamente por los señores de la radio, quienes de inmediato descalificaron mediante el uso de adjetivos impropios, no sólo la opinión, sino a la valiente señora, de quien divulgaron su nacionalidad venezolana, como para enfatizar el contexto conflictivo que caracteriza las relaciones entre los gobiernos de los dos países, y presentarlo como razón final de su disgusto.

No sé decir que tan mal estuviera toreando el matador estrella, pero a juzgar por el sepulcral silencio de los asistentes, su labor con los dos toros fue realmente decepcionante. No obstante, lo que encuentro mal, muy mal, es que los señores de la radio en su endiosamiento a ciertas figuras y "por el honor" de las mismas, estimulen la intolerancia por la opinión contraria, sea justa o no en su apreciación, y que validos del poder de los medios instiguen a un amplio sector del público a echar fuera a la señora, agregando el pueril argumento de su nacionalidad, que en un caso extremo, del que nunca estamos lejanos los colombianos, pudiera significar cualquier intento de agresión física.

Estas circunstancias me hicieron recordar una triste tarde en el mismo escenario, hace 52 años, por la época en que el abuelo del actual Alcalde Mayor presidía los destinos nacionales, cuando ofendidos "en su honor" porque abuchearon a la hija del General o sea a la madre del actual mandatario, siete mil de sus esbirros, vestidos de civil, molieron a palos a los asistentes causando un número indeterminado de muertos y heridos.

Tampoco intento sugerir alguna relación de causa por la presencia del señor Moreno Rojas con lo acontecido este 27 de enero, que no es más que una desafortunada coincidencia, pero creo en cambio, que los áulicos de todo tipo le hacen mucho daño al país y que las figuras de cualquier orden deben cuidarse y deslegitimar a semejantes personajes. Todo por el bien de Colombia.

viernes, 25 de enero de 2008

La más bella imagen


Esta hermosa imagen procede de un periódico de la India y su leyenda asegura que "Solo quien es pobre actúa con tanta generosidad"; sin embargo el
remitente considera todo lo contrario, es decir, que sólo quien es verdaderamente rico de amor y sentimientos (y de espíritu, agrego),
puede actuar de tal manera.

Que franceses y españoles vengan a librar su guerra

Por: Edgar Alonso Muñoz Delgado

Hasta que por fin soplan vientos militaristas entre las naciones de Colombia y Venezuela. “Elogiosos” esfuerzos en tal sentido realizó durante muchos meses el gobierno colombiano en cabeza del presidente Uribe y su ministro de defensa, quienes, orondos, pueden mostrarse ahora ante los políticos y empresarios de cierto país, o, más claro, de ciertos países, para recibir su merecidísima palmada en la espalda, acompañada de los jugosos beneficios económicos de los contratos leoninos que soportan la guerra.

Ninguna dádiva mejor para los intereses de la industria armamentista internacional, que dos pobres naciones latinoamericanas, como ocurre en África, dediquen sus mejores recursos económicos y humanos al desarrollo de un enfrentamiento que, contrario a lo que afirman los “especialistas” en los medios masivos, sí deja ganadores.

Lo malo de todo es que percibo, con preocupación, un colombiano medio que raya en el fundamentalismo histérico; expresión de un pueblo estupidizado por esos medios que agregan leña al fuego en cada uno de sus espacios de “opinión” y, como es obvio, en sus noticieros, terriblemente estimulados por el staff gubernamental, a fin de manipular a las masas hasta hacerles creer que el problema nacional radica en el locuaz e impertinente mandatario venezolano y no en todas las carencias que sufre el país, derivadas del enquistamiento en el poder de oscuros autócratas con el menor sentimiento patrio de la historia nacional, poseedores del más craso egoísmo, cuyas acciones concluyen en inequidad y desmejora de las condiciones de vida para amlios sectores de la sociedad.

Si Venezuela tiene o no problemas similares, es asunto que va más allá del resorte de nuestros ciudadanos medios. Colombia no puede permitirse las presiones que conduzcan a la disputa militar bajo ningún pretexto y mucho menos tragarse el cuento del sospechoso “respaldo” de las naciones europeas con los más fuertes intereses económicos en los dos países, como es el caso de España y Francia, a menos que sean sus jóvenes, vestidos de soldados, los que vengan a matarse mutuamente a lado y lado de la frontera.

Entregar a nuestros escolares, universitarios y jóvenes emprendedores a una cruenta disputa significa no sólo truncarles sus sueños, sino muy seguramente su propia vida a cambio de nada, tal como lo están haciendo los jóvenes gringos de origen latino o negro en las guerras que libra ese país, mientras se consolidan los poderosos en sus tronos. Es un derecho, por inmoral, que no le cabe a ninguna generación.

¡Caramba! Qué manera de sacarle el cuerpo a los problemas internos ¿no? Parece que siempre ha funcionado la estrategia y que la historia, lamentablemente, les ha dado la razón…